Ser hijo o hija con un progenitor en prisión es una realidad con escasa visibilidad. La literatura o estadísticas sobre este escenario es prácticamente inexistente. No obstante, los pocos datos sobre maternidad y paternidad de población penitenciaria son bastante reveladores.
Según el Informe Space 2023 del Consejo de Europa, más del 80% de las mujeres encarceladas son madres, con un promedio de dos hijos/as por mujer. Además, Children of Prisoners Europe estima que alrededor de 2,1 millones de menores cuentan con progenitores en prisión.
Aunque la mayoría de esos niños/as viven esta situación separados/as de sus padres o madres, muchos países permiten la estancia de madres en prisión junto a sus hijos/as. El Consejo de Europa desveló que, en 2023, 853 menores de edad vivían en un centro penitenciario junto a su madre. España es el tercer país miembro de la institución con un dato más alto (57 menores de edad en centros penitenciarios), solo siendo superado por Turquía y Polonia. En España, esos niños/as viven en las unidades madres hasta que alcanzan la edad de tres años. Varias Comunidades Autónomas no cuentan con unidades de madres, provocando cierta desprotección de aquellas madres reclusas que vivan en esos lugares.
Pero, más allá de esos casos, los menores de edad con progenitores en prisión tienen escasas oportunidades para mantener con ellos/as una relación constante y fluida. El contacto diario pasa a reducirse a 40 minutos semanales en los que pueden ver a su madre o padre a través de un cristal, vis a vis familiares de entre una y tres horas (que se ofrecen una vez al mes), o convivencias de hasta 6 horas (que se ofrecen trimestralmente). Las llamadas de 8 minutos que ofrecen las prisiones suelen ser insuficientes para los menores de edad que se encuentran en esta tesitura. Además, las videollamadas han tardado años en llegar a los centros penitenciarios, cuando eran una constante en la vida diaria de la sociedad.
Por lo tanto, desde Fundación Esplai, desarrollamos el proyecto Escuela de Convivencia para fomentar el cumplimiento de los derechos de la infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño defiende que se debe “respetar el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular”. Es necesario para esos niños/as o adolescentes que la transición de la convivencia diaria a las pocas visitas o llamadas de la cárcel se haga de una forma amable.
La ONU también apuesta por el mantenimiento de las relaciones familiares de los reclusos/as en las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos. Para permitirlo, los centros penitenciarios deben estar cerca de los hogares anteriores de los reclusos/as. No es viable para una familia tener que desplazarse decenas de kilómetros para poder ver a un padre o madre que esté en la cárcel.

Fundación Esplai busca que los menores tengan el derecho de ser escuchados/as en todos aquellos asuntos que les afecte. En contextos tan difíciles como estos, los niños/as tienen voz propia y tienen que ver sus necesidades atendidas. Escuela de Convivencia servirá para comprender las necesidades de esas infancias o lo que supone para un niño/a la entrada de una figura de referencia y cuidado en prisión.
A pesar de las estimaciones realizadas por organizaciones como Children of Prisoners Europe, no hay una visión clara sobre el fenómeno de la infancia con progenitores en prisión. Por ese motivo, desde Fundación Esplai, defendemos la realización de un análisis estadístico y sociológico de esta realidad. Además, pedimos a Instituciones Penitenciarias que refleje en sus estadísticas cuántas personas reclusas son padres o madres en prisión.
En definitiva, Escuela de Convivencia pretende que la vida de los niños/as con un progenitor en prisión sea más sencilla. Para hacer eso posible, la escucha y comprensión de los menores de edad afectados/as es fundamental. Y, por supuesto, reafirmamos la defensa de medidas judiciales y penitenciarias que tengan en cuenta las dificultades de los padres y madres que se encuentran en un centro penitenciario. Como bien afirma el Observatori Català de la Justícia en Violència Masclista, «las decisiones de nuestros tribunales suelen obviar el potencial impacto que el ingreso en la prisión puede tener en los niños». Por ello, Escuela de Convivencia busca que los lazos familiares no se rompan por el hecho de entrar en un centro penitenciario.