Cada mañana, miles de niños y niñas acuden a la escuela para tratar de adquirir nuevos conocimientos. Pero, más allá de las clases en las aulas, un aspecto muy importante del colegio es el hacer nuevos amigos y amigas. Esos chicos y chicas hablan en los recreos sobre el fin de semana que han pasado con su familia, sobre las actividades que hacen con sus padres y madres, o de los regalos que ellos y ellas les traen a casa. Pero, en España, hay más de 65.000 infancias marcadas por un fenómeno muchas veces incomprendido, la entrada de un padre o una madre en prisión.
A lo largo del curso, existen una serie de días señalados en el que se cambia por completo la habitual rutina y hay un clima de celebración. Entre esos días, tenemos el Día del Padre o el Día de la Madre. Para aquellos niños y niñas con un progenitor en prisión, ese día es difícil porque no pueden vivirlo con plena normalidad.
Una reclamación interesante efectuada por parte de familias pertenecientes al colectivo LGTBIQA+ es la no celebración del Día del Padre o Día de la Madre. Se propone sustituir ambos días por festejar el Día de la Familia. El 15 de mayo es el Día Internacional de las Familias y es una fecha ideal para reflejar los recientes cambios sociales en los modelos de convivencia. Al igual que existen familias monoparentales, de dos madres o de dos padres, también hay núcleos familiares en los que un progenitor/a se encuentra en prisión.
A nivel social, existe un gran desconocimiento sobre lo que es vivir en la cárcel y todo lo que ello conlleva. Esto provoca que existan múltiples desinformaciones y estereotipos totalmente erróneos sobre el mundo de las prisiones. Si preguntamos a varias personas jóvenes de forma aleatoria, muchos no sabrán que los reclusos/as no llevan uniformes en prisión, o piensan que los presos/as reciben ayudas públicas por el simple hecho de estar en la cárcel. Incluso, hay personas que piensan que, en España, existen cárceles privadas o que todos los reclusos/as son personas peligrosas.
Más allá de que el cine hollywoodiense haya reforzado estos estereotipos, estas ideas preconcebidas e ilusorias persisten por la falta de sensibilización en los colegios sobre el mundo de la cárcel. Para que se conozca esta realidad, sería importante que miembros del funcionariado de prisiones, los educadores/as sociales y el equipo de voluntarios/as de las ONG puedan acudir a los colegios para dar charlas sobre este tema.

Hoy en día, existen centros educativos que organizan visitas a prisiones. Por ejemplo, la Cárcel Modelo de Barcelona abre sus puertas a colegios e institutos para que el alumnado pueda visitar esta prisión. Además, La Model fomenta que pasajes de la historia de España como la Transición o la dictadura franquista sean conocidos por medio de las vivencias de presos/as como Salvador Puig Antich, Lluís Companys o Helios Gómez.
Incluso, sería conveniente que población que ha vivido de primera mano la entrada en prisión pueda acudir a los colegios para hablar sobre esta temática. Se debe mostrar a los más jóvenes que no todos los presos/as son seres malignos que no tienen ninguna opción de reinsertarse en la sociedad. En múltiples ocasiones, la precariedad económica y laboral es la que provoca que ciertas personas acaben delinquiendo y tengan que cumplir una condena durante un tiempo determinado.
Precisamente, la precariedad económica de las familias reclusas debe ser tenida en cuenta tanto por los colegios como por el sistema educativo. La entrada de un progenitor en prisión puede llegar a ocasionar la pérdida de un sueldo en la familia y los problemas para subsistir que ello conlleva. Además, también es un condicionante para la vida diaria el alto valor de las fianzas o el coste de ir a visitar a un recluso/a que suele encontrarse en cárceles situadas en la periferia de las ciudades. Por lo tanto, los colegios deben facilitar a los niños y niñas el material escolar que necesiten para seguir con su educación, en el caso de que no puedan asumir el coste económico de dichos materiales.
También es conveniente hacer ver al profesorado que los niños y niñas con progenitores en prisión pueden necesitar una atención más especializada. Los profesores y profesoras deben ser sensibles con los problemas que esos menores de edad puedan vivir durante el curso y saber que su rendimiento, probablemente, no sea el mismo que antes de la entrada de su padre o madre en prisión.
Es muy importante que los colegios cuenten con un equipo de psicólogos/as preparados/as para hacer frente a este tipo de situaciones. No obstante, el sector de la psicología dirigida a la infancia cuenta con una preocupante escasez de profesionales. Por ejemplo, según el informe Actualización de la Psicología Clínica en el Servicio Madrileño de Salud (publicado en junio de 2025), hay 2 psicólogos/as especializados/as en infancia por cada 100.000 habitantes madrileños. Los organismos internacionales recomiendan que esa ratio sea de 5 profesionales por cada 100.000 habitantes.
Pero, a pesar de que estos niños y niñas deben recibir una atención individualizada, los centros educativos tienen que fomentar la inclusión con el grupo de estos jóvenes. La comprensión y la normalización de esta realidad deben combinarse para que estos menores de edad puedan vivir esta circunstancia de la mejor forma posible. Hay que fomentar su deseo de jugar, validar sus preocupaciones, tranquilizarles en sus momentos de tristeza y compartir con ellos y ellas información sincera, pero adaptada a su edad.