Durante el año 2023, Fundación Esplai dinamiza el Debate del Tercer Sector entorno al tema de la «Justicia Educativa y el Tercer Sector en el ámbito penitenciario». Hemos entrevistado a diferentes personas expertas que nos aportan su visión y propuestas sobre diferentes aspectos de la intervención en los centros penitenciarios. Reproducimos la entrevista a José Suarez Tascón director gerente de la entidad estatal de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo

Licenciada en Pedagogía, su trayectoria laboral ha estado vinculada principalmente al ámbito del empleo. Comienza a trabajar en 2004 con colectivos en riesgo de exclusión, como técnica de inserción sociolaboral e intermediación con empresas, pasando a coordinar el área de empleo y posteriormente el área de acción social de la Asociación Arrabal. Empezó en la entidad en 2010 como directora de la empresa de inserción Aidei. En 2013 retoma la atención directa con familias en riesgo de exclusión social y programas de intervención sociolaboral con población reclusa. Desde el año 2018 lidera el área de personas privadas de libertad de la asociación.

 
 

 

Mónica Palomino Mateo asociación Arrabal.

Es indudable que el Sistema Penitenciario Español ha experimentado un formidable y positivo cambio en los últimos 25 años, en el amplio contexto de lo que llamamos “Justicia Educativa”. En este escenario y en el tercer milenio en el que nos encontramos, ¿cuáles serían las asignaturas pendientes en este mismo escenario?

Estoy plenamente de acuerdo en que el Sistema Penitenciario Español ha experimentado un cambio extraordinario en todos los órdenes, tanto en la actualización del sistema jurídico regulatorio como en infraestructuras. Podemos decir sin temor a equivocarnos que es la institución que mayor transformación ha sufrido a lo largo es estos años. En cuanto a lo que entendemos por Justicia Educativa, también ha habido considerables cambios en este ámbito. Partimos de la Justicia Educativa como un derecho de ámbito universal, que abarca un principio de igualdad de todas las personas y cuya garantía corresponde a las instituciones del Estado. En el contexto en que trabajamos, entiendo que el concepto de Justicia Educativa va más allá de que se haya implantado un sistema de formación reglada al igual que en otros contextos sociales, y cuya importancia es incuestionable. Uno de los principales retos que tenemos como Administración y como sociedad es el de trabajar por un sistema de justicia que promocione y que prepare para la inserción social a las personas privadas de libertad, que en no pocas ocasiones han visto mermadas sus oportunidades de integración. Y para ello se les debe proporcionar habilidades y conocimientos necesarios, que deben abarcar actuaciones que van más allá de la formación reglada.

 

Ya que tal y como está diseñado el funcionamiento del sistema penitenciario español, depende de muchos factores, tales como: el módulo en el que se resida; si se trata de una persona con un perfil primario o reincidente; el equipo técnico encargado del tratamiento del módulo; los y las profesionales de interior que trabajen en el mismo, entre otras.

La mayor parte de las personas que cumplen condena considera que su paso por prisión tiene un único fin: el punitivo. No perciben la función reeducativa y de reinserción social que tiene el sistema penitenciario español, a pesar de ser uno de sus principales objetivos. Por lo que parece necesario replantearse adoptar un enfoque integral que combine la implementación de programas educativos y de capacitación en un contexto seguro y respetuoso. Lo que implicaría que todo el personal penitenciario debería estar formado en habilidades y competencias para garantizar que se respeten los derechos de las personas privadas de libertad y se promueva un contexto propicio para el aprendizaje y el crecimiento personal e intelectual, así como que fomente la rehabilitación y la reinserción social de la población reclusa.

  • Entendemos que, en el siglo XXI, en el tercer milenio, las prisiones deberían ser cada vez más espacios terapéuticos y educativos. ¿Cómo podemos avanzar en este sentido? ¿Qué le falta a nuestro sistema penitenciario para conseguirlo?

El sistema penitenciario español ha avanzado en los últimos años en esa dirección, pero todavía hay mucho por hacer para lograr este objetivo. Algunas de las mejoras que podrían ayudar a alcanzar esta meta son: incrementar los recursos y el personal, ofrecer programas de rehabilitación y formación, implementar medidas de reinserción social y mejorar las condiciones de vida en prisión.

Me parece especialmente relevante llevar a cabo los siguientes cambios de cara a conseguir que el sistema penitenciario español se convierta en un espacio terapéutico y educativo:

  1. Digitalizar sus programas y servicios; crear modelos propios de digitalización adaptados a las condiciones particulares de este Y primero de todo, luchar con programas adecuados contra la brecha digital en la población penitenciaria. Pero no se debe caer en el error de diseñar sin asegurarse que el diseño de estos programas va a ir acompañado de una dotación de recursos para poder implementarlos.
  2. Articular medidas encaminadas a favorecer una mayor y mejor relación de las familias con sus familiares privados de libertad, especialmente en el tiempo inmediatamente anterior a su puesta en El uso controlado de dispositivos digitales puede facilitar mucho esta tarea.

Esta medida requiere de un enfoque interdisciplinar, donde el personal de la prisión, las familias y las entidades colaboradoras trabajen juntas para mantener y mejorar la relación familiar, funda- mental para el bienestar emocional y psicológico de ambas partes. Se trata de facilitar y promover el retorno de la persona privada de libertad a la sociedad y un buen lugar donde empezar a trabajarlo es a partir de la familia, en tanto que su salida en libertad tendrá efectos en su relación con la unidad familiar y con la manera en como se generan las nuevas dinámicas de convivencia.

  1. Crear y apoyar redes y servicios postpenitenciarios de asistencia, acompañamiento y cuidado (jurídico, psicológico, sociolaboral,…) para personas que cuando se reencuentran con la libertad no son capaces de gestionar su vida por sí solos. Como preparar la salida en libertad. Necesidad fundamental por cubrir, ya que cuando las personas privadas de libertad salen de prisión inician un proceso de reinserción para el cual, en muchas ocasiones, ni la persona ni la sociedad están preparadas. El paso por prisión puede originar un conjunto de consecuencias psicológicas que aumentan las dificultades para mantener relaciones sociales adecuadas y que, a su vez, se traduce en una mayor dificultad para interactuar dentro del entorno.

 

  • ¿Qué papel juegan en este cambio de perspectiva los y las profesionales que trabajan en el ámbito penitenciario?

Sin duda las y los profesionales que trabajan en el ámbito penitenciario juegan un papel principal en las intervenciones, que mejorarían sensiblemente si se les proporcionaran más y mejores recursos, y especialmente cuanto mejor formadas y capacitadas lleguen a estar. Creo que desempeñarían un papel protagonista en este cambio de perspectiva, y podría ser positivo poner el foco en la importancia de que esos trabajos se desempeñen desde una responsabilidad social y una especial sensibilidad, si lo que lo que nos marcamos es el difícil reto de que el tiempo que las personas pasan privadas de libertad sea un tiempo de aprendizaje, donde se generen cambios de conductas delictivas y hábitos de convivencia positivos y pacíficos.

 

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