Junio ya está aquí y, con él, una de esas épocas del año que muchas personas conocemos bien: la temporada en la que se concentran simultáneamente múltiples convocatorias para las que redactamos proyectos. Horas de ideas, objetivos, indicadores, presupuestos… y sí, todas y todos recurrimos a herramientas de inteligencia artificial generativa para apoyarnos en ese proceso
La inteligencia artificial (IA) puede ser útil para organizar ideas, agilizar tareas o mejorar textos. Pero precisamente por su creciente uso, también es importante detenernos a pensar en su impacto ambiental. Aunque la percibimos como algo “digital”, la inteligencia artificial tiene una infraestructura física muy exigente. Cada consulta que realizamos se procesa en centros de datos que funcionan con miles de servidores activos de forma continua, lo que implica un alto consumo de energía y también de agua.
Un centro de datos no es una nube, sino una nave. Una nave de cemento con muchísimos ordenadores dentro. Y cuando tú tienes muchos ordenadores metidos en una sola habitación, la temperatura aumenta y para disipar ese calor, lo que se hace es poner aires acondicionados o refrigerar mediante el agua. El problema no es que gasten energía y agua, sino que el tamaño de estos centros hiperescala es gigantesco, descomunal, respecto a las otras cosas que conocíamos. Son macrogranjas de datos.(Cita extraída del siguiente artículo)
Algunos datos (Fuente):
- La Agencia Internacional de la Energía cifra el consumo energético de los centros de datos, las criptomonedas y la inteligencia artificial, para 2022, en un 2 % de la demanda global de energía. Esta cantidad se vería incrementada para 2026 en un consumo equivalente al de toda Suiza o Alemania de cumplirse las previsiones de incremento.
- Según un informe de PitchBook, para 2025, el 3,2 % de todas las emisiones de carbono del mundo provendrán de granjas de servidores de IA.
Esto no significa renunciar a estas herramientas, sino de usarlas conscientemente.
En este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, queremos invitar a una reflexión sencilla: lo digital también tiene impacto, y nuestras decisiones tecnológicas forman parte del cuidado del planeta. Desde el Sistema de Gestión Ambiental de Fundación Esplai trabajamos para reducir el impacto ambiental de nuestras acciones, también en el ámbito digital. Por ello, contamos con la certificación UNE-EN ISO 14001:2015 (certificado número IGC11692).